Savia Comunicación

SAVIA es un equipo que sabe trabajar con otros equipos.
Venimos de la comunicación social, del periodismo y la agroindustria.
Nos apasiona nuestro trabajo y la forma en que lo encaramos.
Hacemos comunicación con sentido e inteligencia.
Y a medida que comunicar marcas se vuelve más complejo, creemos que nuestro estilo aumenta su valor. Combinamos la experiencia y la creatividad en un grupo de profesionales versátiles que da resultados y pone el corazón.
  • Estrategias de comunicación corporativa tick
  • Comunicación interna tick
  • Relacionamiento con los medios tick
  • Campañas de prensa tick
  • Creación de historias que dan contenido a las marcas y llegan a la gente tick
  • Producción y redacción periodística tick
  • Comunicación de congresos y jornadas tick
  • Redes sociales tick
  • Publicaciones institucionales tick
  • Houseorgans tick
  • Brochures tick
  • Contenidos digitales tick
  • Estrategias mobile tick
  • Producciones audiovisuales tick
  • Producciones editoriales tick
15
julio
2024
UPL Argentina Manejo de malezas

El manejo de malezas requiere de una mirada holística

 

 

UPL Corp realizó el primero de una serie de meetings points regionales. En Melincué, provincia de Santa Fe, el control de malezas estuvo en el centro de las preocupaciones. 

“Notamos que hay una concentración en el uso de pocos mecanismos de acción de herbicidas y a su vez en pocos principios activos. El amesetamiento en las estrategias de manejo de malezas no solo responde a un tema de costos, sino también de conocimiento”, dijo Martín Principiano, asesor técnico de establecimientos agrícolas en la zona norte de Buenos Aires, durante la primera jornada denominada Meeting Point, organizada por UPL Corp en Melincué, al sur de Santa Fe. El encuentro es el primero de una serie que propone reunir a productores y asesores con el conocimiento para una mejor agricultura. 

En la zona, Yuyo colorado, Rama negra y gramíneas siguen encabezando la lista de las malezas problema. Mientras, crece la aparición de crucíferas. “UPL dispone de moléculas como Amicarbazone, Glufosinato de amonio y Piroxasulfone que no están generalizados y son herramientas que permiten diversificar el uso de herbicidas optimizando el manejo de malezas”, apuntó Principiano y recomendó conocer la paleta de opciones para analizar estrategias según cada momento del ciclo de cada cultivo. 

“Analizamos el resultado de ensayos en barbechos de soja y maíz donde pudimos ver el gran aporte que hace por ejemplo Amicarbazone en barbechos químicos largos e intermedios a soja. También es una buena opción para pre-siembra y pre-emergencia del maíz”, explicó el asesor técnico y acotó que la idea es que cada asesor o productor pueda tomar decisiones en base a distintas opciones y estrategias, y no manejar solo las tres o cuatro opciones más clásicas. 

Principiano analizó que “si ahora en agosto voy a usar un herbicida que inhibe la síntesis de clorofila, trataré de no repetir el mismo mecanismo de acción en presiembra o pre-emergencia. Esto es muy importante porque, por ejemplo, los herbicidas PPO, que son los inhibidores de la síntesis de la clorofila tienen un uso importante en soja. Por lo tanto, hay que ser muy cuidadosos”.

En este sentido, el técnico aclaró que Amicarbazone en maíz funciona muy bien en tratamientos en presiembra o pre-emergencia. Ya sea en mezclas con S-metalocloro o con piroxazulfone. Es una opción en suelos con poco contenido de arena. 

Otro de los temas abordados fue el uso de tecnología Enlist® en la región. La herramienta herbicida en este caso es glufosinato de amonio, que en el caso de UPL se comercializa con la marca LIFELINE®. Según los datos compartidos por Principiano, el nivel de adopción de la tecnología ha alcanzado el 15% de la superficie de soja en la zona núcleo. Se espera que para la próxima campaña se acerque al 25%. “La soja de segunda es un nicho para esta herramienta, ya que muchas veces al sembrar sobre trigo se complica el manejo de residuales”. Pero es importante recordar que a nivel global ya hay casos de Yuyo colorado resistente a glufosinato de amonio. “Por eso es importante cuidar las tecnologías”, dijo. 

“Desde UPL insistimos en la necesidad de abordar a los cultivos de forma integral. Los cultivos a la hora de arrancar no sólo tienen problemas de malezas, también aparecen diferentes situaciones de plagas, dificultades en la emergencia del cultivo, y todo termina repercutiendo después en la competencia con malezas. Desde la empresa proponemos una visión holística y acercamos soluciones que ayuden a lograr el máximo potencial de los cultivos”, aportó . Pablo Angeletti, gerente de herbicidas y fungicidas de UPL Corp. 

La compañía lanzó este año WINGER®, que es piroxazulfone al 85% WDG, un producto que termina siendo una herramienta fundamental para la problemática de malezas, principalmente para Amaranthus y gramíneas. Tiene registro en trigo, cebada, soja y maíz. “En Melincué hicimos foco en la problemática en el cultivo de maíz y ahí mostramos la buena performance que tiene WINGER con DYNAMIC® -Amicarbazone- para el control de gramíneas y Amaranthus. Además de eso, mostramos algunos resultados de los trabajos que hicimos el año pasado con foco en LIFELINE® -glufosinato de amonio-, un producto que cada vez se está usando más con la aprobación de la tecnología en soja”, puntualizó Angeletti. 

Acerca de UPL Corp

UPL Corporation Ltd. (UPL Corp) es una empresa líder mundial en soluciones de protección de cultivos y biológicas que define el futuro a través de la agricultura sostenible y una mentalidad orientada al productor agrícola. Con un sólido portafolio de soluciones integrales, UPL Corp tiene como objetivo crear un crecimiento y prosperidad compartidos para las comunidades agrícolas, la agricultura y nuestro planeta. Como la plataforma principal de UPL Group, UPL Corp contribuye con más de $5 mil millones en ingresos anuales y es líder en fomentar la colaboración a través de OpenAg® para desarrollar tecnologías avanzadas para la salud y productividad de los cultivos.

14
junio
2024
CLAAS Día del Padre

“Mi viejo es el mejor socio que puedo tener”

Ser contratista rural es mucho más que una actividad económica, es un modo de vida, una pasión que se hereda. Tres historias que hablan de cómo es trabajar en familia en los campos de argentina.

“Mi viejo es el mejor socio que puedo tener. Nunca se nos acaban los proyectos y cada día es un desafío”, dice Martín Aguirre Saravia (32), hijo de Patricio (64), contratista forrajero de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. Ellos son dos de los protagonistas de las tres historias que queremos contarles, de padres que heredaron la pasión por la prestación de servicios rurales a sus hijos. Historias unidas por el amor a una marca que ayuda a que las familias puedan disfrutar del trabajo en el campo cada día.

“Hace 41 años me hice contratista sin quererlo”, cuenta Patricio. Viene de una familia de productores de Santiago del Estero que un día compraron una picadora para uso interno y luego vendieron el campo. Él se quedó con la máquina y la experiencia de esos años. “Corría 1982, y empecé a bajar picando maíces sembrados más al Sur. Por entonces prácticamente no existía la figura del contratista forrajero y yo tenía una de las primeras picadoras autopropulsadas que habían llegado al país”, recuerda.

Primero fue un medio de vida. Luego se transformó en una pasión. Eso lo cambió todo. “Una vez, un vendedor me preguntó: `¿Qué harías si tuvieras 100 millones de dólares?´. `Tendría todo igual´ – le contesté-, `pero más nuevo´”. La cita lo pinta de cuerpo entero y habla de su pulsión por invertir, de ir por más.

“Eso no quita que sea un trabajo en el que hay que convivir con mucha presión. Pero en estos casos siempre le recuerdo a Martín que en 15 días todo será una anécdota”, aclara. “Cuando comencé, esta actividad era nueva. Estas generaciones corren con la ventaja de no tener que lidiar con la página en blanco”, reflexiona.

Martín (32) dice que es contratista desde que nació. “Cuando era chico me mandaban castigado al campo y a mí me encantaba porque estaba entre los fierros”. Aunque hizo su propio camino en la ciudad, en el 2015 volvió para sumarse al negocio familiar. “Ahí experimenté la verdadera dimensión del compromiso: la responsabilidad de liderar un equipo. Hay gente que trabaja acá desde antes de que yo naciera. El otro día, en el asado de fin de campaña, justo recordaban que yo dormía sentado, acostado en la cabina, en los pies de los maquinistas”, recuerda.

“Al principio fue un desafío enorme para mí. Sobre todo porque tenía la presión autoimpuesta de que tenía que ser como mi viejo. Después aprendí a valorar cada cosa que aprendo, el aporte de los colegas que me dan una mano enorme, el contacto con los proveedores, con gente que está hace muchos años en esto”, dice Martín.

Patricio reconoce que trabajar con un padre o con un hijo es difícil. “No querés que se choque contra una pared pero es necesario que haga experiencia y sume aprendizaje. Me costó que entienda que lo que yo quería con él es que sume mirando hacia adelante, para que evolucionemos”, dice el mayor de los Aguirre Saravia, que cuenta hoy con un equipo de 55 personas y trabaja con máquinas CLAAS desde 1997. “CLAAS siempre nos ha acompañado en cada proyecto de innovación”, valora Patricio. Entre sus fierros destacan sus tres tractores XERION, una picadora JAGUAR 990 con orugas – la única en el país-, otras tres JAGUAR 980 y una 960.

“Cuando tenga hijos espero enseñarles a poner la pila que mi viejo me enseñó a mí”, remata Martín.

Imaginar el futuro

Walter Barneix (59) es hijo de un tambero. Desde chico estuvo en contacto con el mundo del silo y, luego, del picado, un camino que lo convirtió en prestador de servicios. Comenzó con máquinas de arrastre hasta que en 1997 se subió a una JAGUAR y nunca más se bajó. No solo eso, hace siete años subió a su hijo Juan Martín (35), que además es ingeniero agrónomo.

Ellos son de Lincoln, provincia de Buenos Aires. En temporada alta, los Barneix suman un equipo de más de 40 personas. El resto del año son 15.

“Cuando era muy chico no me gustaba prácticamente el campo. Después, de a poco, me empezó a gustar. Incluso en los momentos del año donde hay que ponerle muchas horas de trabajo no me genera problemas. Son meses en los que dejás de hacer las actividades cotidianas: abandonás la vida social, los partidos de fútbol, las salidas”, enumera Juan Martín.

Los Barneix trabajan en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, San Luis, Mendoza y sur de Córdoba. Tienen unos 150 clientes en promedio que suman una superficie de trabajo de más de 5.000 hectáreas. “Hoy las siembras están muy concentradas. Hay que hacer toda la campaña en ochenta, noventa días de campo. Tenés mucho menos tiempo para hacer el mismo trabajo. Antes eran 120, 130 días. Hoy, como mucho, estamos llegando a 100 yéndonos a trabajar al Norte”, detalla Walter.

Hace 30 años, ser contratista no era fácil. “Había poco teléfono celular, prácticamente nada. Cuando se te rompía algo te perdías todo el día. Hoy llamás y solucionás el problema en 5 minutos. Llamás un día a las 2 de la mañana y te venden un repuesto. Es clave para poder trabajar sin parar. La tecnología está muy buena, aunque hay productores a los que todavía les falta entenderlo”, dice Walter, que tiene una JAGUAR 930, una 940 y dos 960.

A Juan Martín le cuesta imaginar cómo será su actividad dentro de 30 años. “Es que la tecnología ha avanzado tanto en tan poco tiempo… A las picadoras ee les agrega tecnología digital pero la esencia se mantiene. El desafío puede venir de hacer los trabajos todavía más rápidos. La siembra se hace en períodos cada vez más cortos”, dice el ingeniero, a lo que Walter acota: “cuando yo empecé hacía 4 o 5 hectáreas por día por máquina. Hoy se pueden hacer 80 hectáreas o unas 1.000 toneladas por día”.

“Gracias por enseñarnos a trabajar de algo que nos entusiasma todos los días”

Hugo Fernández (54) es de General Arenales, Buenos Aires. Hace 30 años que es contratista de siembra y cosecha. Comenzó con su padre y ahora trabaja con sus dos hijos, Germán (35) y Lucas (29).

Los Fernández son contratistas de siembra y cosecha, trabajan unas 1.700 hectáreas – 400 propias-. Desde hace 3 años tienen una cosechadora TUCANO 570. Uno de sus clientes, el más grande en superficie, trabaja con Hugo desde hace 30 años. “El padre trabajó con mi padre, y ahora el hijo trabaja con nosotros. Nos ayudó a comprar la CLAAS como una forma de mejorar el servicio para todos y hacerlo más rápido. Incrementamos un 30% por ciento la velocidad del trabajo”, relata.

“Las decisiones se toman entre todos y también el trabajo se reparte en partes iguales”, dicen. “Cuando los chicos tengan mi edad capaz que los tractores van a andar solos. Seguramente haya grandes avances en autonomía. Y serán equipos cada vez más grandes que harán las tareas en menos tiempo”, imagina el padre.

A Hugo, sus hijos le enseñaron el valor del compañerismo: “Están siempre al pie del cañón”, dice y recuerda el día en que Germán, el mayor, le pidió hacerse cargo del equipo de siembra, trabajo que luego -con la llegada de su hermano Lucas- le delegó al menor de los Fernández para ponerse al frente de la cosecha. Para Hugo, el mejor legado que deja a sus hijos es “la importancia de ser responsables, sencillos, buena gente y conscientes de que cada problema se resuelve hablando”.

“Desde chico sabía que quería ser contratista como mi viejo”, dice Germán y atesora como su mejor recuerdo el día en que, con un año, su hijo se subió con él a la cosechadora y pasaron toda la tarde juntos. “Tiene su propia cosechadora miniatura CLAAS y mi sueño es contagiarle nuestra pasión para que siga ese camino”, dice.

Lucas, el menor, destaca lo que Hugo hizo con ellos: “Nos contagió el amor por este oficio y nos enseñó el valor del trabajo”. Los hermanos coinciden en que, si tuvieran que decirle algo a su papá es “gracias”. ¿Por qué? “Por enseñarnos a trabajar de algo que nos entusiasma todos los días y marcarnos la importancia de ser buenas personas”.

Sobre CLAAS

CLAAS (www.claas-group.com) es una empresa familiar fundada en 1913, una de las principales fabricantes mundiales de maquinaria agrícola. La compañía, con sede en Harsewinkel (Alemania) es líder mundial en el mercado de picadoras de forraje. CLAAS también domina el mercado europeo en el segmento de las cosechadoras. A su vez, ocupa los primeros lugares en tecnología agrícola mundial con sus tractores, empacadoras agrícolas y máquinas recolectoras de forrajes. La tecnología de la información agrícola de vanguardia también forma parte de su gama de productos. CLAAS emplea a más de 12.000 personas en todo el mundo y en 2023 generó una facturación de 6.100 millones de euros.

13
junio
2024
UPL Argentina Ajo

La calidad fue tema central del 3º Simposio de Ajo organizado por UPL Corp en Mendoza

Un centenar de productores se dieron cita en Vista Flores, Tunuyán, para abordar el  manejo en poscosecha y las recomendaciones para evitar la parálisis cerosa.  

La producción de ajo es una de las actividades hortícolas más importantes de Mendoza. Entre 12.000 y 14.000 hectáreas -más del 90% de la superficie total del país- se cultivan en esa provincia. Argentina produce el 1% del volumen de ajo comercializado mundialmente y con 149 mil toneladas anuales, se encuentra en el puesto número 14 del ranking de productores. El 70% se exporta en fresco y el manejo de la poscosecha es uno de los puntos más críticos del proceso.

UPL Corp es una compañía global líder en protección de cultivos y biosoluciones. Cuenta con más de 15 soluciones para el cultivo de ajo. Esta semana, la empresa reunió a más de un centenar de productores y técnicos en su 3º Simposio de Ajo realizado en el Hotel Fuente Mayor, en Vista Flores, departamento de Tunuyán, provincia de Mendoza.

“Un mal manejo de poscosecha puede generar pérdidas superiores al 30% de los rendimientos comerciales”, destacó el Ing. Agr. Aldo López, de INTA La Consulta, durante el Simposio. La aparición de manchas en la etapa de secado genera pérdidas de calidad. A esto se suman daños ocasionados por fenómenos como la parálisis cerosa, que afectó particularmente la última campaña y ocasiona un daño no visible a simple vista pero que se devela en el mercado de destino.

Brasil es el principal mercado de los ajos argentinos. Allí, la caja de ajos conservados en el campo cuesta 20 dólares, en tanto que la de conservados en cámaras de frío, asciende a entre 40 y 42 dólares. La diferencia de precio responde a la calidad del producto. “El ajo del campo es muy difícil de conservar en buenas condiciones”, dijo el referente de INTA.

Más del 70% de la producción se seca en el campo. “Es el sistema de poscosecha más económico pero que puede jugar en contra al quedar sujeto a las condiciones climáticas o tan solo los cambios térmicos entre el día y la noche. Lo mejor es armar una estructura de poscosecha que minimice los daños, sabiendo que existen sistemas como el secado forzado donde se controla absolutamente todo”, explicó el técnico de INTA.

“Los problemas de poscosecha generan pérdidas millonarias. A veces se corrigen con ajustes de manejo y otras se requieren inversiones en infraestructura. Forma parte del costo de producción tener un buen sistema donde secar el ajo, conservarlo y guardarlo”, insistió López.

Para ofrecer la cara profesionalizada de la conservación estuvo el Ing. Agr. Jorge Rubio, del frigorífico UNIPROM S.A.. El técnico ofreció un panorama sobre lo que el sistema de frío tiene para aportar a la vida útil del ajo, sin perder calidad y aprovechando las oportunidades comerciales que ofrecen fechas tardías como mayo y junio.  “Hay que considerar el momento en que se introduce el ajo al frigorífico y la forma en que fue cosechado y tratado hasta su ingreso, de modo que los resultados sean los esperados”, alertó Rubio a los presentes.

La parálisis cerosa

El plato fuerte del 3º Simposio de Ajo de UPL estuvo protagonizado por Miguel Cirrincione, docente de la Cátedra de Fisiología Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Cuyo. Él fue el encargado de ahondar en los detalles de la “parálisis cerosa” del ajo, un desorden fisiológico que se caracteriza por presentar dientes de color amarillento oscuro, de aspecto ceroso, pegajoso y de olor a ajo cocido cuando se los corta. Este fenómeno, que en los galpones de empaque aparece como un “daño no visible” (viendo una cabeza entera es muy difícil detectar su presencia) es motivo de permanentes rechazos en el mercado internacional y fue un problema en la última campaña. En el encuentro, todos los especialistas coincidieron en que se trata de una dificultad originada por las condiciones de poscosecha y no tiene relación alguna con el uso de fertilizantes ni antibrotantes.

Cirrincione destacó que el ajo “continúa viviendo” luego de cosechado, por lo que si las condiciones de precosecha, curado, secado, almacenamiento y transporte no son las ideales, puede aparecer la “parálisis cerosa”. “Ni la fertilización con nitrógeno o potasio, ni la aplicación de antibrotantes colaboran con la aparición de este problema. Por otro lado, cuando la “parálisis cerosa” se produjo no hay nada que pueda revertir esa situación. No existen productos químicos ni cámaras frigoríficas que puedan controlarla”, aseguró.

“La “parálisis cerosa” no es una enfermedad, es decir, no es causada ni por hongos ni por bacterias, sin embargo, luego de que ésta se produce, pueden presentarse condiciones predisponentes para que tales organismos ataquen los dientes afectados, confiriéndoles un olor nauseabundo”, explicó el técnico y aclaró que se produce en condiciones fisiológicas y ambientales muy particulares. Se puede iniciar antes de la cosecha; durante el curado y secado; o durante el almacenamiento en cámaras o transporte en contenedores inadecuados. El fenómeno puede aparecer ante suelos relativamente frescos durante los últimos días antes de la cosecha, una cosecha muy anticipada, bulbos asoleados luego de la cosecha, “curado” y secado de los bulbos a temperaturas tibias y almacenamiento o transporte en cámaras con escasa ventilación.

La coloración amarillenta en los dientes puede aparecer a partir de los 20 o 25 días después de la cosecha. Luego de 45 días, esas manchas se vuelven de color amarillo oscuro y translúcidas. A los 60 días desde la cosecha ya se puede detectar externamente. Al presionar los bulbos con los dedos se encuentran “dientes flojos” y cuando los bulbos se cortan, estos dientes tienen aspecto ceroso, pegajosos al tacto y de color caramelo.

El profesor enumeró que existen hasta ahora tres tipos de “parálisis cerosa” provocadas por diferentes condiciones y hay variedades muy sensibles y muy tolerantes, tanto en ajos blancos como en colorados. Sobre los tipos de parálisis, detalló la llamada “de campo”, que surge con temperaturas tibias (20 ºC a 24 ºC) durante la precosecha y en el momento del curado y secado de los bulbos en la poscosecha. Luego está la llamada “de sol”, que se produce cuando los ajos se escaldan en los cordones y se manifiesta en dientes de un solo lado del bulbo, es decir, en el costado que le dio el sol. Y la llamada “de cámara”, que se produce cuando los bulbos secos, empacados o a granel se conservan o se transportan en contenedores con escasa ventilación, siendo aún más grave cuando se transportan bulbos con insuficiente tiempo de curado y secado, y en condiciones de altas temperaturas.

“Conocer las condiciones que favorecen a cada tipo de parálisis, permite evitar o disminuir este problema”, expresó Cirrincione y dijo que una variedad tolerante, en un suelo caliente, con un corte de riego y de raíces anticipado, una cosecha a tiempo, sin asoleado, un curado y secado a 34 ºC – 36 ºC, almacenamiento y transporte ventilados, disminuyen la posibilidad de padecer “parálisis cerosa” en los ajos. En tanto, una variedad sensible en un suelo tibio, con un corte de riego tardío y de raíces simultáneo, una cosecha a anticipada, con asoleado, un curado y secado a a 20 ºC – 24 ºC o superiores a 50 °C, almacenamiento y transporte sin ventilación y con altas temperaturas, aumentan la probabilidad de desarrollar “parálisis cerosa”.

El plan del ajo

El Ing. Agr. Martín Grattoni, de desarrollo de Mercado Cuyo y Valle de UPL Corp, fue uno de los anfitriones del Simposio y detalló que “con nuestro portfolio logramos cubrir todas las necesidades del ciclo del ajo, desde el tratamiento de semillas hasta la poscosecha, con productos como ROYAL MH® y QUICKPHOS®”.

Entre las soluciones destacadas para la protección del cultivo, Grattoni enumeró la paleta de graminicidas de UPL, el tratamiento de semillas con VITAVAX®, que contiene dos principios activos que incrementan los resultados y evitan resistencias. Por su parte, desde la división de biológicos NPP (Natural Plant Protection) de la compañía, resaltó herramientas como HUMIPLEX® para el aporte de materia orgánica en el suelo, RAIZAL® para el desarrollo de raíces, BIOTRON PLUS®, BIOZYME TF® y K-FOL® para el acompañamiento en el crecimiento vegetativo, el rendimiento y al calidad del ajo, a lo que se suma ROYAL MH® un regulador de crecimiento que controla el rebrote de plantas de tabaco, papa, cebolla y ajo. Contiene en su formulación Hidracida Maleica perteneciente al grupo químico de las diazinas, inhibidores de la división celular. Es absorbido y translocado hacia los puntos de crecimiento activo del vegetal donde ejerce su acción inhibitoria sin afectar el normal desarrollo de las plantas. Cuenta con muchos años en el mercado y es reconocido globalmente por su gran aporte a la conservación de la calidad del ajo en poscosecha.

 

Acerca de UPL Corp

UPL Corporation Ltd. (UPL Corp) es una empresa líder mundial en soluciones de protección de cultivos y biológicas que define el futuro a través de la agricultura sostenible y una mentalidad orientada al productor agrícola. Con un sólido portafolio de soluciones integrales, UPL Corp tiene como objetivo crear un crecimiento y prosperidad compartidos para las comunidades agrícolas, la agricultura y nuestro planeta. Como la plataforma principal de UPL Group, UPL Corp contribuye con más de $5 mil millones en ingresos anuales y es líder en fomentar la colaboración a través de OpenAg® para desarrollar tecnologías avanzadas para la salud y productividad de los cultivos.

24
mayo
2024
CLAAS Testimonial

Es fanático de las cosechadoras y dice conocer “la psicología de las máquinas”

Un productor y contratista cordobés cuenta cómo es su relación con los fierros, la tecnología y la mística del campo.

Cristian Andrada tiene 51 años, mucha experiencia y pasión por el agro. Nació en el campo y desde muy joven trabaja ahí, en la zona de Villa Ascasubi, en el centro-sur cordobés. Contratista y agricultor, produce en 600 hectáreas alquiladas donde cultiva soja y maíz. “Ahí trabajamos con nuestras propias máquinas y, como contratista, también hacemos cosecha, siembra y fumigación en otros campos. En total, debemos cubrir entre 3.500 y 4.000 hectáreas”, calcula.

Para ello cuenta con dos cosechadoras CLAAS de su propiedad -una LEXION 780 y una TUCANO 570- y está a cargo de dos cosechadoras LEXION 8800 de Agropecuaria Petitti, una empresa con campos en Río Tercero (Córdoba) y Quimilí (Santiago del Estero).

A la hora de hablar de las máquinas, este contratista y productor no oculta sus preferencias. “Desde que arrancamos con CLAAS siempre nos gustó la marca y uno empieza a hacerse fanático”, confiesa. ¿Los motivos? “Son máquinas que andan muy bien donde las pongas, con verde o menos verde, no te fallan y son de bajo consumo”, pondera.

¿Pero cuándo empezó esta pasión? “En 1999, todavía era chico y manejaba todo mi papá. Él conoció CLAAS por un folleto y le llamó mucho la atención una MEGA 218. Jamás la había visto, pero decidió comprar esa cosechadora; creo que fue una intuición. CLAAS le dio una buena financiación y así empezamos con la marca. Mi papá se jugó la vida”, bromea. Desde ese momento, hace 25 años, los Andrada decidieron dedicarse a los servicios de cosecha.

“Y el verde de CLAAS te conquista, empezás a pintar la tolva, la casilla y hasta el galpón del color de la marca. Así te vas haciendo fanático; te gusta porque conocés al mecánico, al vendedor y a la máquina en sí; cómo es su personalidad, lo que tiene y no tiene. Es como una persona que conocés de hace mucho tiempo, la psicología de la máquina es lo mismo”, dice.

Para Andrada, el campo es una pasión que traspasa generaciones. Él la heredó de su padre y ahora la transmite a su hijo. “A él le gustan demasiado los fierros, es como yo. Siempre tuve el acompañamiento de mi familia. Las tareas en el campo son muchas y hay que estar constantemente atento a todos los frentes. Yo estoy en Quimilí atendiendo las máquinas de Agropecuaria Pettiti; mi hijo está cosechando en el norte de Córdoba con nuestra LEXION; la TUCANO está ahora en el galpón, y mi señora está con la niña en el campo… Estamos todos involucrados en esto”, enfatiza. En la actualidad, además de padre e hijo, en la empresa de los Andrada, trabajan tres empleados fijos y uno que se suma en época de cosecha.

Desde que Cristian es usuario de CLAAS ha comprobado por sí mismo la evolución de los nuevos modelos en cuanto a volumen de trilla. “Cada versión nueva viene con una mejora importante. La evolución es siempre continua y notoria; de la LEXION 780 a la LEXION 8800 hay mucha diferencia. Y eso lo notás en el rendimiento. Año a año hay un salto tecnológico notorio no sólo en cuanto a motor, sino a la  tecnología, a los platos variables, etcétera”, resume.

Otro aspecto que destaca de las cosechadoras CLAAS es su eficiencia en el consumo de combustible. “Es raro que supere los 8 o 9 litros por hectárea. Yo escucho a usuarios de otras cosechadoras lo que gastan en combustible y creo que, con la plata que ahorramos en gas oil con la CLAAS podemos hacer funcionar además el tractor de la tolva y la camioneta. Eso ayuda mucho, más en este país”, remarca. Además, valora  la cercanía con los técnicos. “Cuando compramos con mi papá la MEGA 218, los chicos venían de Sunchales a mi casa, y estaban a 400 kilómetros, a cinco horas de mi casa. Hoy en día todo está más cerca, pero la predisposición de los mecánicos sigue siendo excelente y el servicio técnico el mejor. Y cuando tenés un problema, esos mecánicos valen oro porque se juegan la vida para que tengas la máquina en condiciones de salir a trabajar”, pondera.

Andrada tiene en claro que los tiempos han cambiando y que la agricultura no es la misma que en la década del ‘90, cuando era joven. Sabe que la tecnología digital ha llegado para revolucionar el agro y busca adaptarse a la nueva era pero sin perder la mística que lo llevó a superar todo tipo de desafíos. “Yo manejo la tecnología al 50%”, admite “pero los empleados que trabajan conmigo son chicos jóvenes que la tienen muy clara, les gusta y la entienden rápido. Entonces, todo lo que es tecnología lo manejan ellos y todo lo que es mecánico lo manejo yo. Después me explican un poco y también aprendo”, comenta.

El secreto está en que una generación complemente a la otra, porque experiencia e innovación no son conceptos excluyentes. “El año pasado teníamos que cosechar un maíz húmedo y uno de los chicos creía que la máquina no iba a poder entrar. Pero yo le dije que la CLAAS iba a andar bien. ‘Vos mañana agarrala y hace así, de esta manera’, le dije. Y la CLAAS anduvo. Son muchos años de conocer estas  máquinas, de entenderlas, de saber lo que sí y lo que no”, subraya. Algo así como un psicólogo de máquinas. 

Sobre CLAAS

CLAAS (www.claas-group.com) es una empresa familiar fundada en 1913, una de las principales fabricantes mundiales de maquinaria agrícola. La compañía, con sede en Harsewinkel (Alemania) es líder mundial en el mercado de picadoras de forraje. CLAAS también domina el mercado europeo en el segmento de las cosechadoras. A su vez, ocupa los primeros lugares en tecnología agrícola mundial con sus tractores, empacadoras agrícolas y máquinas recolectoras de forrajes. La tecnología de la información agrícola de vanguardia también forma parte de su gama de productos. CLAAS emplea a más de 12.000 personas en todo el mundo y en 2023 generó una facturación de 6.100 millones de euros.

Savia


Nuñez 4446 (1430)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina
+54 11 4545 7734

Joka!